Consueta P. José Martínez Bujanda
De alguna manera este texto refleja lo que ha sido la vida de José, nuestro P. José Martínez. Una vida a través de la cual lo fue dejando todo: primero fueron su familia, su pueblo y hasta su patria, después, y en la medida en que su nueva tierra se lo exigía, fue cambiando sus aficiones, sus querencias, hasta sus proyectos de juventud… y al final, en su última etapa, fue dejando en las manos de Dios lo último que le quedaba, su vigor, su energía y hasta su carácter fogoso que siempre le había acompañado. Todo fue quedando en las manos de Dios como un final cuyo inicio se dio hace muchos años.
P. JOSÉ MARTÍNEZ BUJANDA de Jesús Crucificado (1925-2006) Sch. P.
Provincia de Vasconia: 1925-1954.
Viceprovincia de Venezuela: 1954-2006
Los que lo han dejado todo por el Reino de Dios,recibirán el ciento por unoy después la vida eterna. (Cfr. Lc. 18,30)
José había nacido en Luquin, un pueblecito de la provincia de Navarra
en España. Fue un 13 de marzo de un lejano 1925. Sus padres son Pedro y
Agustina. La familia es humilde y llena de fe. Una fe que José bebió de
los suyos y le fue ganando desde muy pequeño para la causa de
Dios.
Eran tiempos llenos de dificultades y esfuerzos. De hecho José adquiere
un carácter fuerte y decidido que nunca le abandonará. Es tenaz,
luchador. No se asusta con facilidad. Le van las empresas
grandes.
Y Dios le llama a una vida de entrega total dentro de la Escuela Pía en
el sacerdocio y en la entrega total a las nuevas generaciones. Y José
se dejó llevar por Dios por encima de todas las demás querencia y
atractivos. Así era José en su primera juventud: decisión y fe. ¡Qué
retrato tan hermoso como ejemplo para los jóvenes de todas las épocas:
fe y decisión!
JOSÉ ESCOLAPIO
El 18 de agosto de 1940 viste por primera vez la sotana escolapia.
Lo hace junto con otros religiosos que después han estado en diversas
partes del mundo, como si su generación hubiera nacido con la marca de
la universalidad. De hecho en los encuentros de escolapios en que he
podido participar siempre había alguno que daba recuerdos para el P.
José, “es de mi curso” decían. Y siempre el mismo recuerdo de un hombre
noble y sincero.
Al año siguiente, el 27 de agosto de 1941, fiesta entonces de S. José
de Calasanz pasada hoy al día 25, se ofrece del todo a Dios en su
primera Profesión de los votos religiosos, o profesión simple. Es en
Orendáin, un pueblecito del norte de España, en el corazón del País
vasco, don-de había hecho el noviciado. No es anecdótico el hecho de
que tomó por nombre de religión, el “de Jesús Crucificado”. En adelante
va a ser José de Jesús Crucificado. Es muy joven, tiene 16 años.
Como preparación al sacerdocio hace los estudios filosóficos y
teológicos en Albelda, nuestro seminario que durante muchos años
recogió a los jóvenes escolapios. Allí permanece hasta el año 1946. En
este año, y ya con 21 años emite su Profesión Solemne, en la que se
entrega definitivamente a Dios y a la Iglesia, para siempre, como
escolapio. Es el 27 de agosto de 1946, de nuevo la fiesta de Calasanz.
Ha terminado sus estudios pero es demasiado joven para ordenarse de
sacerdote, por lo que es enviado a Bilbao el 31 de agosto de ese mismo
año 46. Allí va a tener su primera experiencia de trabajo escolapio y
lo va a hacer dando clases a los niños del colegio. Son los niños de 4º
grado. Permanecerá allí hasta el año 54.
A los dos años de su profesión recibe la ordenación de sacerdote. Esta
ocurre en Vitoria (España) el 29 de junio 1948. Tiene 23 años. El nuevo
y joven sacerdote escolapio tiene delante de sí una tarea difícil.
España se encuentra recuperándose de una guerra civil que la ha
dividido y empobrecido. El se dedicará a educar a los hijos de una
generación muy golpeada, y sembra-rá en todo momento, tal como pide S.
José de Calasanz, “virtudes recias”, y esperanza cristiana.
VENEZUELA
Y como los designios de Dios nos sorprenden con sus novedades,
también la vida de José va a tomar un nuevo rumbo que sólo se va a
entender desde la fe. Así el año 1950 llega a España en Pbro. Nicolás
Espinoza, Párroco de Boconó, Estado Trujillo, pidiendo una fundación
escolapia en su país, Venezuela. El P. Vides lo recuerda cuando nos
dejó escrito: “en Agosto del 1950 el P. Nicolás Espinoza, Párroco de
Boconó, Estado Trujillo de Venezuela, llega a Pamplona solicitando una
entrevista con el P. Provincial... Recuerdo haber recibido al P.
Espi-noza con un grupo de jóvenes recién ordenados, que al enterarnos
de sus intenciones nos en-tusiasmamos y nos ofrecimos como voluntarios
para la fundación de un colegio en su parro-quia”. Eso es historia
humana, nosotros añadimos “y también historia de Dios”. Y una prueba de
ello es esa palabra: entusiasmo, con la que se recibió la primera
petición. José está entre ellos y va a ser uno de los primeros en
venir.
Desde ese momento los datos se superponen: en 1950 llega a Venezuela el
P. Jesús Nagore; en 1951 llega a Carora el primer grupo de escolapios,
con el corazón acelerado porque empezaban la fundación, Ignacio Morrás,
Jesús Vides, el entonces Hermano Alfonso Olazábal y el P. Constantino
Garisoain, que venía para fundar en Caracas.
Desde aquel entonces han ido creciendo las presencias, los nombres y
también las des-pedidas para ir a la casa del Padre. Hoy sabemos
que desde el cielo muchos escolapios inter-ceden por nosotros junto con
S. José de Calasanz. Unos enterrados lejos, en su tierra, como el P.
Nagore, Luis Arsuaga y el Hno José Luis Goñi y tantos otros que
dieron parte de su vida en estas tierras; otros quisieron quedarse para
siempre en la Venezuela que tanto amaron, como son el P. Juan Bautista
Pérez Altuna, Aniceto Guillorme y Jesús Vides (Carora); el P. Ignacio
López y Lucio Moreno (Caracas); Julio Piqueras y Juan Santos Maeztu
(Valencia). Y añadimos al P. Gerardo González (enterrado en el pueblo
de Jabón). Tenemos buenos intercesores. Y a ellos ahora añadimos el de
José Martínez, enterrado en la Valencia venezolana que tanto
quiso.
JOSÉ VENEZOLANO
El 17 de septiembre de 1954 llega a Caracas con destino a Carora
acompañado de dos compañeros escolapios, jóvenes como él, que quedarían
en Caracas, los PP. Víctor Pinillos y Lucio Moreno. El P. Lucio sería
durante años director de este colegio de Valencia y también está
enterrado en esta su segunda patria. Poco antes, el 13 del mismo mes y
año había llegado el P. Santos Maeztu, quien sería a su vez, su
compañero de vida y trabajos en esta comunidad de Valencia durante
muchos años, hasta su muerte. A su llegada a Venezuela José tiene 29
años y se hace muy pronto a estas tierras.
Sus primeros pasos fueron un recorrido por todas las fundaciones
escolapias. En los años 54-59 está en Carora. El 59 es destinado a
Caracas. Ese mismo año 59 se inició la funda-ción del colegio Calasanz
de Valencia. Las fundaciones necesitan gente dispuesta y entregada, y
por eso mismo dos años más tarde es enviado José a Valencia en donde
está hasta el 64. En estos diez años ocupa diversos cargos y
responsabilidades, pero sobre todo es educador, acompañante y docente
de los niños de nuestras escuelas.
De nuevo el 64-67 en Carora. Se ha iniciado una nueva ronda por
nuestros colegios, pe-ro esta vez lo va a hacer con otras
responsabilidades. De hecho es nombrado rector del colegio y comunidad.
En estas nuevas responsabilidades será confirmado hasta su vejez. Así
en los años 67-70 vuelve a Caracas, de rector de obra y comunidad. Y el
año 70 recibe el destino a Valencia, donde estará hasta el final de su
vida. De nuevo va de rector. Desde entonces el co-legio de Valencia
será impensable sin José. Van a ser casi 36 años seguidos
dedicados a Va-lencia, sus niños, el colegio, la formación, la fe.
Muchos años y muchos servicios. Pero no sólo va a ser el colegio, en
1973 es elegido como Viceprovincial, cargo que ocupará durante tres
años. Él siempre decía que no era lo suyo, pero todo el mundo aprendió
a respetarlo. De hecho en diversas ocasiones fue asistente
viceprovincial.
Se le recordará por su carácter fuerte, pero también por su cercanía a
todos. Se le re-cordará por sus clases, pero también por su estilo
deportivo acompañando a los equipos del colegio en las competiciones.
Se le recordará por las muchas cosas que enseñó y acompañó, pero
también por su espíritu de fe y su sentido de Dios. Y será el Padre que
lo llena todo y que estaba siempre donde había algo que mejorar o
acompañar.
Los años se le fueron acumulando. Durante mucho tiempo fue el decano,
el Padre ma-yor de los escolapios en Venezuela. Así el 29 de junio de
1998 celebró sus Bodas de Oro Sa-cerdotales. Y, cómo no, lo hizo en su
colegio de Valencia. Lo celebró en familia, sin meter ruido, entre los
más cercanos… como era su estilo. Lo suyo era el servir no el figurar.
En aquel día nos decía que todo lo que viviera de más era un regalo de
Dios. Pero en realidad para todos nosotros el regalo era él.
La salud se le fue deteriorando. Los años pesan y vemos cómo poco a
poco. Primero fue la operación del estómago. Todo salió bien. Peor fue
el infarto que sufrió un atardecer de 2003 en una celebración con
la Comunidad hermana de Lomas. Al infarto le siguió un paro cardíaco
que le podría haber llevado a la muerte de no haber sido gracias a que
ya estaba internado en una clínica en la zona de cardiología. Pudieron
revivirlo. Volvió, como siempre, a la actividad a que nos tenía
acostumbrados, pero ya no fue el mismo. Poco a poco se le veía
decaer.
El final fue rápido. Se le detectó un cáncer de pulmón del que se nos
dijo que no había salida. Procuramos disponerlo todo para darle el
mejor adiós posible. La cercanía de todos, la oración constante por él,
el afecto hecho presencia discreta por todos. Se nos fue una noche del
5 de Septiembre de 2006. Aquella noche, una vez comunicado su
fallecimiento, todas las co-munidades nos juntamos en nuestros
oratorios para rezar y ofrecer a Dios a José.
Al día siguiente se veló su cuerpo siendo una multitud de alumnos los
que pasaron a despedirlo. Y el día 7 nos tocó el deber de
celebrar su funeral y entierro. Lo encomendamos a Dios con la emoción
de las despedidas, y a la vez con la certeza de nuestra fe. Había
cumplido 81 años. Se fue como se van los amigos, en silencio, con una
última oración.
Tú, desde el cielo, junto con los otros hermanos que te han precedido,
sigue acompa-ñando este colegio, a los muchachos y docentes que tanto
amaste, a todos nosotros en esta tierra que es la tuya.
Pedro Lasheras Sch. P.
Ephemerides Calasanctianae (a. LXXVI, nº 5 Mayo 2007). Consueta Memoria (págs. 309-312).